Cuento ... : Prefacio:(1)
La lluvia es un regalo. Un regalo de
Dios. No siempre es buena, pero deberíamos agradecerle.
Alguna genta la odia, por la
inundaciones. Otra la “ama” por la sequía. Pero créeme, es lo más mágico que te
puede pasar en la vida.
Seguro debes pensar que estoy loca,
pero no, no lo estoy. Digo lo que siento. ¿Acaso no puedo expresarme? Si, si
puedo.
Capaz que éste fenómeno te lleva a la
muerte, pero una muerte feliz.
No soportaba aquel tema. De
hecho, lo odiaba, me estresaba. Hacía enfurecerme con mi pobre tía. No sólo a
mí, sino a ella también y a mi hermana que nos escuchaba atónita.
“¿Por qué quería eso para
mí? Si yo era independiente para decidir lo que quería” pensé. O tal vez para
mí. Para ella, seguro que no.
De “protesta” (que sólo
sirvió para descargarme) cerré de un portazo la puerta de mi habitación.
Como nuestro nivel
económico era mediano, Jordana (mi tía) se enfureció conmigo:
-¡La
puerta! Después la vas a pagar vos…
Yo, como respuesta, le puse play a la
música a todo volumen.
-La
gente normal no se va corriendo cuando está conversando.
Ni las mínimas palabras escuché.
Jordana era muy bondadosa conmigo y mi
hermana. De verdad. Pero ese tema me enfurecía. No quería oír más sobre eso.
Y puedo admitir, que de mis ojos
claros, brotaban pequeñas y miles de gotas saladas. A las que llamamos lágrimas.
Esas lágrimas, ¿por qué aparecen? Claro, transmiten un sentimiento. Pero no lo
creo. Te avergüenza, para mí.
No había razón por la que yo, vaya a
vivir con mi papá todas las vacaciones de verano. ¿Por qué? Él nos había
abandonado. Ni respuestas nos dio.
Lo peor es que tuvimos que mentirle a
Margarita, ya que, con tan poca edad, perder a su padre sin razones, era
horripilante.
Cada vez que yo le preguntaba por qué
el ausentamiento de Marley se había notado ocho años, sólo, ella, no emitía
palabras. Pero luego de un rato, con una mueca encantadora me preguntaba: “¿Y
la escuela?” “¿Cómo están tus amigas?” Yo, castigada, le respondía. Pero mis
ojos la miraban paulatinamente. Ella notaba que estaba molesta y abandonaba la
habitación.
Por esa razón no quería ir a Miramar de
vacaciones con mi padre. Sólo si Jordana pudiera explicarme la partida de mi
papá, aceptaría.
Por otro lado, era mejor conversarlo
con él. A solas. Los dos juntos. Sin nadie más.
Todavía no me decidía.
El cielo comenzó a nublarse. El sol ya
se había camuflado y no daba sus
tremendos rayos de luz. Una niebla estropeó el día hermoso que se había
notado horas antes. Y una llovizna completó el paisaje lluvioso.
Bajé el volumen.
Me senté en la silla que miraba hacia
la ventana.
Contemplé cómo la poca lluvia, pero
copiosa, castigaba los ventanales.
Me quedé en mi habitación contemplando,
cómo una nube oscura y vientos fuertes, inundaban el paisaje.
A las diez pm, comenzamos a comer. La
lluvia se hacía más intensa.
Fue muy incómoda la cena. Entre tía
Jordana y yo ni nos hablamos, sólo miradas se entrecruzaban.
-Chau.
Me voy a dormir. Buenas noches-se despidió Margarita.
-Creo
que tenemos que hablar- me dijo Jor al ver que mi hermana ya se había retirado
de la sala.
Swag Marie Pickles
... :

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