martes, 13 de noviembre de 2012

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Les dejo la parte 3 del capítulo 1! (:



Dejé de escribir.
-¡Dale, Lucre! El desayuno está servido y se nos hace tarde- llamaba desde la puerta, Margarita.
            Me vestí. Pero cuando terminé, escuché un ruido que provenía de la ventana:
-Schaefer. ¡Abrí! - me llamaba Malena, mi mejor amiga.
-Entra a casa así desayunamos- le contesté desde la ventana.
            Bajé. Allí me esperaban mi tía, mi hermana y Malena sonrientes.
-¡Hoy es mi último día de primaria! – contaba feliz Margarita.
-Sí, y hoy es el mío para siempre- le gocé.
-Si… Pero… - no tenía respuestas.
            Malena, que se había atragantado por reír, me advirtió que ya eran las siete y entrábamos a las siete y cuarto.
            Por suerte, los viernes, (como era en éste caso) mi hermana entraba a las ocho de la mañana. Eso significaba que iba sola. No es de mala, pero un poco de paz, hablar con mi mejor amiga, me lo merecía.
-¡Chau, Jor! – la saludé a la tía.
-Nos vemos señora- dijo Malena, haciéndose la educada, (lo cual no era) saliendo de la casa con un pedazo de tostada en la boca, como siempre lo presenciábamos.
            En el camino algo sucedió.
            Estábamos hablando de ese chico. El chico nuevo. De Lían. Ese muchacho había entrado este último año. Raro. ¿Cambiarse de escuela por un año? No lo creo. Pero todas las chicas estaban muertas por él (en forma literal). Yo siempre lo observaba en los recreos. Me resultaba raro, extraño e incomprensible. No lo sé.
            Cuando dijimos ese asunto, un cuervo se nos acercó y le picoteó la cabeza a Malena. Ella asustada gritó:
-¡Sacámelo! ¡Sacámelo!
-Pero si ya se fue… No seas exagerada- le contesté
- Me asustan. Dan escalofríos
-Pero debe ser que viste muchas películas de terror. Demasiadas…- terminé de decir eso y nos miramos durante un rato. Acto seguido carcajadas rompieron en esa calle.
-Bueno… Dejemos de reír y caminemos que se nos hace tarde
            A una cuadra de la escuela, sentí que alguien nos perseguía. Miré hacia atrás, nada. Hablamos.
-Che, ¿no te parece que alguien nos sigue?- le pregunté a Malena para saber si ella lo sentía.
-¿Desde cuándo te volviste detective?
-¡No! Esto es serio
-Hay, se enojó – y ella rió.
-Está bien. – le dije en tono de sarcasmo.
            Pasaron metros. Segundos. Minutos. Y estábamos a media cuadra y luego sentí lo mismo. Al igual que la pésima pesadilla. Le dije a mi amiga que parara.
            Paramos y un aire fresco nos invadió. Va. Aunque sea a mí.
            Sentí como si el mundo se paraba un instante, solo para mí. Estábamos en primavera casi verano y se había levantado un aire. Un viento. Fresco. Mi alma se paralizó cuando sentí una respiración detrás de mío. No era común. Una respiración ajena. Perdón, ajena a la humanidad normal.
            De pronto miré la vereda del frente. Una madre llevando consigo una niña. Una niña de unos dos años. Feliz. La muchachita, feliz. La madre no. En sus ojos se comprendía. Ojos vidriosos, lo cual significaba que en cualquier momento iba a llorar.
            La verada contraria, una chica, que según su situación, rompía con su chico.
-No. ¡Yo no hice eso! ¡Es mentira!- decía por celular
            La verdad es que  ella no mentía. Y vos te preguntarás… ¿cómo sabe? Pues, sus ojos, su rostro, su forma de ser en ese momento lo admitían. Aparte soy mujer entiendo a las demás mujeres.
            Me di cuenta que cuando uno observa los hechos, los piensa y  los resuelve. Todavía el tiempo estaba “quieto” para mi mundo. Ya que nadie se movía.
            Escuchaba las agujas del reloj. Tic… Tac… Tic… Tac… No sabía de dónde provenían. Ni tampoco por qué. Era peor que el sueño sucedido la noche anterior.
Porque si llegábamos tarde a la escuela, no era nada, le avisábamos a la preceptora que tuve un problema personal y listo. Aunque no se debe.
            En fin, ¿cómo explicar ese momento?
            Todavía sentía esa respiración. Respiración confusa. Me di vuelta. Una sombra se escondía detrás de los árboles. La cual no me resultaba extraña. Parte de ella  y parte de ella no.
            De pronto, comencé a escuchar voces. Decían mi nombre.
-¡Lucrecia! ¡Lucrecia! ¡Lucrecia!
            << ¡Me estoy volviendo loca!>> pensé. Era imposible. TODO era imposible. El tiempo que se detenía. Las respiraciones. La sombra. Las voces… TODO. Definitivamente, todo.
            De pronto, “volví” a la normalidad.
-¿No sentiste como que el tiempo se paraba?- le pregunté desesperadamente a Malena
-¿Vos te volviste loca? –Preguntó
-Pero te juro que…
-A la salida de la escuela venís conmigo al psicólogo.
-¡Hay nena! No es para tanto- le devolví la contestación
            Callamos.
            Los pájaros cantaban. El sol ya había mostrado sus rayos sobre los árboles. Y el calor subía por todo mi cuerpo.
-¡¡Llegamos tarde!! Apurate- me dijo Malena tirándome del brazo.
            Tenía razón. Estábamos en la esquina de la escuela y se había escuchado el timbre.
            Entramos. Una voz áspera resonó en el vacío.
-¿Por qué llegaron tarde?- dijo la voz.
            << ¡Oh! Nos agarró López (apodo del  profesor titular)>> pensé sin darme vuelta.
            Giramos.
Lo que pensé fue como una hoja de papel, escribís mal y la arrugas, luego la tiras a la basura. Pues, el que nos estaba hablando era de verdad nuestro preceptor.
-¿Por qué llegaron tarde? -Nos preguntó.
Les digo la verdad, no estaba asustada. Qué más da. Era el último día de clases y qué nos iba a decir. Aparte, llegamos tarde cinco minutos, mientras que la hija de la Directora siempre llega a la hora que se le canta y no le dicen nada, ¿por qué? , “porque es la hija de la Directora”, como decimos con Malena. Y a mí que me importaba que sea o no la hija de esa señora. Al contrario, tendría que llegar temprano porque su mamá trabaja temprano. ¿Qué se cree que es?
-Les estoy preguntando. Más usted, señorita Schaefer- me regañó López, el preceptor.
-Tuve un percance personal
-Se puede saber cuál
-Si es personal no creo que...
-Señor, se nos hace tarde para entrar al salón, luego hablamos con usted- me interrumpió Malena.
            Cuchichiando, le pregunté a mi amiga.
-¿Por qué interrumpiste nuestra charla?
-¿Vos sabes que López es estricto?- me respondió haciendo una mueca falsa- que querés, ¿Qué te castiguen en la escuela y no poder disfrutar las vacaciones o  no terminar de hablar con López?
            No le respondí. Tenía razón, pero no se la quería dar. Cuando le  das la razón es como si se cree que es Einstein.
            ¿Nos apuramos para qué? Porque ni siquiera había llegado la profesora y todos estaban en plena hora libre. Ni siquiera la directora nos iba a controlar.
            Pasaron diez minutos de que  llegamos y por fin llegó la profe.
-Entonces, Lautaro ¿qué quiere decir Filosofía?- le preguntó La Fabre (apodo de la profesora). No entendía, esa pregunta la había hecho a principio de año, ¿para qué la volvía a decir? Y obvio que tenía una respuesta “Porque seguro que el tema que diste a principio de año te olvidaste a fin de año” respondía La Fabre.  
            En medio de la clase, mis pensamientos no paraban de funcionar. La hora de Filosofía era la más pesada y nadie, pero nadie, le prestaba atención. Cuando llegaba la prueba todos se sacaban unos, pero yo no me preocupaba, ya que el tema me lo había explicado mi tía.
“¿Sería verdad que alguien nos estaba siguiendo? O ¿fue mi torpe y estúpida imaginación? Para. ¿Por qué digo estúpida y torpe? Porque lo es. Una cosa rara que me llama la atención no la dejo de pensar en mi mente. Y todos los resultados es que es mi imaginación. La imaginación. Algunos tienen suerte de tenerla. Pero algunos, como en mi caso, no les sirve para nada. Miente. Te engaña. Te lleva por caminos que ni siquiera lo son verdaderos, pero eso, eso es la IMAGINACIÓN.” Pensé.
            Sentí que alguien me golpeaba. Era Malena, que tiró un codazo.
 -¡Me hiciste mal!- dije
-Señorita. Le hablé. Y se nota que estás pensando en otra cosa, dígame- dijo La Fabre con cara de “te caché”.
-Estaba pensando en… la filosofía. Mi tía me enseñó un montón de esas cosas. Y me quedé pensando ¿Einstein, había sido burro y después fue un genio?
-Deje de hablar tonterías y explíqueme la definición de átomos. Con vocabulario de tu edad.
            Hice una mueca de que a esa definición la habíamos dado en sexto grado.
-¿Qué me quiere decir con eso?- me preguntó desafiándome.
-Que…
            Mi mente se nubló. Cómo si un ángel, no sé si bueno o malo, habría pasado por allí. Creería que un ángel diferente. Diferente quiere decir anormal a los demás. Te preguntarás por qué lo llamo así. Pues porque no era ni malo ni bueno, solamente que me hacía pensar en mí. Por primera vez lo hacía. Pensar en mi vida, mi casa, mi familia, mis amigos…  

Swag Marie Pickles
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