CAPITULO IV:
"(...) Un espantoso anochecer de noviembre completé el final de mi labor. Con ansiedad semejante a la agonía, reuní los instrumentos que me iban a permitir infundir un hálito en mi vida a esa cosa inanimada que yacía a mis pies. Era cerca de la una de la madrugada; la lluvia castigaba las ventanas impiadosamente y el candil agonizaba cuando, a la mortecina luz de la llama, ví cómo la criatura abría sus ojos opacos y amarillentos, respiraba con cierto esfuerzo y un movimiento convulsivo sacudía sus miembros
¿Cómo describir mi sensación ante esta catástrofe? (...)"
FRANKENSTEIN
Transformación
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