martes, 13 de noviembre de 2012

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Aquí les dejo la segunda parte (Capitulo 1)  de la novela que tanto escribo


“Un bosque. Muchos árboles. Diferentes. Frutos o flores. O casualmente los dos. No veía muy bien. Había niebla. Pero no cualquiera. Una niebla nítida. Sí. Nítida. Limpia, transparente. Y te preguntarás “¿Si es nítida no es niebla?”
Pues, esta niela era mágica, porque cada vez que yo pasaba por la misma, un estallido y a la vez electricidad, corría por mi alma.
Lejos. Detrás de un árbol, una sombra se hacía notar. Dos sombras, una grande y otra no. El vasto tenía aspecto aterrador. El pequeño, de animal. Y lo era, porque lo comprobé cuando el sol, los alumbró.
¿Podía ser lo que realmente me estaba imaginando? O ¿tal vez, fue de nuevo mi imaginación? No sé. Va a ser una incógnita sin resolver por años, o capaz que por siglos.
Me di vuelta. Allí había un arroyo. El ruido del agua correr por su lugar, era, era, mágico…
Me refresqué.
Sentí un suspiro detrás de mí. Me di vuelta. Por fin vi a la hermosa criatura, de la cual yo espiaba y pensaba que sólo era mi imaginación.
Era hermoso, pero algo me decía lo contrario. Ojos color marrón oscuro y su cabellera castaño, con ondas. Su boca tierna, parecía.
Me sonrió. Su sonrisa era única. Blanca y dientes perfectos. Yo le devolví la mueca.
         Sumergimos los pies en esa agua. No sé por qué. Al final estaba helada. Como la nieve.
         Paulatinamente, él sujetó mi cara y depositó sus bellos labios en los mío. Nos besamos.
         Fue de verdad un encanto, hermoso, lírico. Perfecto.
         Después de un rato largo, dijo:
-Lo siento, debo irme.
         Y fue en ese momento, cuando vi que esos perfectos ojos negros, cambiaban a color miel. Su rostro era más pálido. Toqué sus manos y heladas me lo describían.
         Cuando vi cómo se alejaba, me pareció sentir qué, el de la sombra con el animal, era él. Él. Que ni si quiera sabía su nombre. Cuántos años tenía. Dónde vivía. Nada. Ni él de mí. Absolutamente nada.
         De pronto, sentí cómo una música sonaba. Era muy conocida. The Beatles sonaba y una de mis canciones favoritas, HELP.
         Vi cómo los árboles desaparecían. El arroyo. Todo… “
        
         Abrí los ojos. Apagué el despertador. Y la melodiosa canción dejó de sonar.
         Había tenido un sueño hermoso. O tal vez, horrible.
         No te nía opción. Debía olvidarme de aquel chico. Y sé que solamente va a estar en los sueños.
         Todavía mi corazón me decía que aquel día, iba a suceder algo horrible. Lo presenciaba.
         Agarré mi diario y me dispuse a contar lo que sentía:
        
30 de Diciembre, 2011
Querido Diario:
                Algo horrible va a suceder hoy.
                No sé por qué escribí eso. Es de locos. Mi intuición me lo decía. ¿Por qué? Te preguntarás.  Bueno, no sé. Mi corazón siente eso, pero mi mente no. Es como si los dos fueran diferentes almas. Incapaces de unirse. Incompatibles. Esa es la palabra que las describen. Quizá mi alma diga la verdad, o tal vez no. En este momento ya no sé qué pensar. Quizá también será por mi extraño y horrible sueño. Pesadilla.
                Cuando volvía ayer de la escuela, sentí como si en el porche delantero de la casa me estuviesen esperando mis padres. Con una sonrisa de punta a punta. O si no, en la sala de estar. Convidándome con masitas de limón y café como lo solían hacer. Pero no. Fue decepcionado ese sueño. Llegué y no había nadie en casa. Ni si quiera su alma, la de mi mamá. Me despertó de mi sueño tía Jordana, abriendo la puerta y cerrándola de un portazo. No había notado mi presencia, parecía invisible. Pero luego se escuchó su voz:
-¿Lucrecia, estás acá?
                Por otro lado, me importa más la presencia de mi madre que la de mi padre. Mi papá me mintió. Se alejó sin ni siquiera excusas. Siempre me lo pregunté ¿Por qué se fue? ¿Por qué se marchó sin decirme una palabra?
                Fue injusto conmigo, con mi hermana e incluso con toda mi familia. Le ordenó a la tía que se hiciera cargo de nosotras, ya que ella es viuda. Mi hermana tenía dos años, y yo diez,  cuando nuestro padre se había marchado. Ahora ni siquiera nos había dejado un portarretratos, ni un pasatiempo entre él y nosotras, nada. Absolutamente NADA. Sólo tristeza y dolor para siempre.
                Por lo menos tenemos a la tía Jordana que está en todas.
                Mi hermana tiene doce años, asique, todavía la tiene que cuidar, con la violencia que hay ahora. Aunque Jordana me advierte: “Ojo que cada vez hay más robos, más secuestros. Ojo.” “Ya lo sé, tengo dieciocho años “, le contesto.
                Creo que me están golpeando la puerta. Seguro es Margarita, mi hermana que me despierta para ir a la escuela.
                ¡No te conté! ¡Hoy es mi último día de clases! Y de escuela, ya que estoy en quinto de la secundaria.
                Cada vez suena más fuerte la puerta. Iré a abrir. Estoy muy ansiosa. Luego te cuento como me fue. 
Swag Marie Pickles
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