Aquí les dejo la segunda parte (Capitulo 1) de la novela que tanto escribo
“Un bosque. Muchos árboles.
Diferentes. Frutos o flores. O casualmente los dos. No veía muy bien. Había
niebla. Pero no cualquiera. Una niebla nítida. Sí. Nítida. Limpia,
transparente. Y te preguntarás “¿Si es nítida no es niebla?”
Pues, esta niela era
mágica, porque cada vez que yo pasaba por la misma, un estallido y a la vez
electricidad, corría por mi alma.
Lejos. Detrás de un árbol,
una sombra se hacía notar. Dos sombras, una grande y otra no. El vasto tenía
aspecto aterrador. El pequeño, de animal. Y lo era, porque lo comprobé cuando
el sol, los alumbró.
¿Podía ser lo que realmente
me estaba imaginando? O ¿tal vez, fue de nuevo mi imaginación? No sé. Va a ser
una incógnita sin resolver por años, o capaz que por siglos.
Me di vuelta. Allí había un
arroyo. El ruido del agua correr por su lugar, era, era, mágico…
Me refresqué.
Sentí un suspiro detrás de
mí. Me di vuelta. Por fin vi a la hermosa criatura, de la cual yo espiaba y
pensaba que sólo era mi imaginación.
Era hermoso, pero algo me
decía lo contrario. Ojos color marrón oscuro y su cabellera castaño, con ondas.
Su boca tierna, parecía.
Me sonrió. Su sonrisa era
única. Blanca y dientes perfectos. Yo le devolví la mueca.
Sumergimos los pies en esa agua. No sé
por qué. Al final estaba helada. Como la nieve.
Paulatinamente, él sujetó mi cara y
depositó sus bellos labios en los mío. Nos besamos.
Fue de verdad un encanto, hermoso,
lírico. Perfecto.
Después de un rato largo, dijo:
-Lo
siento, debo irme.
Y fue en ese momento, cuando vi que
esos perfectos ojos negros, cambiaban a color miel. Su rostro era más pálido.
Toqué sus manos y heladas me lo describían.
Cuando vi cómo se alejaba, me pareció
sentir qué, el de la sombra con el animal, era él. Él. Que ni si quiera sabía
su nombre. Cuántos años tenía. Dónde vivía. Nada. Ni él de mí. Absolutamente
nada.
De pronto, sentí cómo una música
sonaba. Era muy conocida. The Beatles sonaba y una de mis canciones favoritas,
HELP.
Vi cómo los árboles desaparecían. El
arroyo. Todo… “
Abrí los ojos. Apagué el despertador. Y
la melodiosa canción dejó de sonar.
Había tenido un sueño hermoso. O tal
vez, horrible.
No te nía opción. Debía olvidarme de
aquel chico. Y sé que solamente va a estar en los sueños.
Todavía mi corazón me decía que aquel
día, iba a suceder algo horrible. Lo presenciaba.
Agarré mi diario y me dispuse a contar
lo que sentía:
30 de Diciembre, 2011
Querido
Diario:
No sé por qué escribí eso. Es de
locos. Mi intuición me lo decía. ¿Por qué? Te preguntarás. Bueno, no sé. Mi corazón siente eso, pero mi
mente no. Es como si los dos fueran diferentes almas. Incapaces de unirse.
Incompatibles. Esa es la palabra que las describen. Quizá mi alma diga la
verdad, o tal vez no. En este momento ya no sé qué pensar. Quizá también será
por mi extraño y horrible sueño. Pesadilla.
Cuando volvía ayer de la
escuela, sentí como si en el porche delantero de la casa me estuviesen
esperando mis padres. Con una sonrisa de punta a punta. O si no, en la sala de
estar. Convidándome con masitas de limón y café como lo solían hacer. Pero no.
Fue decepcionado ese sueño. Llegué y no había nadie en casa. Ni si quiera su
alma, la de mi mamá. Me despertó de mi sueño tía Jordana, abriendo la puerta y
cerrándola de un portazo. No había notado mi presencia, parecía invisible. Pero
luego se escuchó su voz:
-¿Lucrecia,
estás acá?
Por otro lado, me importa más la
presencia de mi madre que la de mi padre. Mi papá me mintió. Se alejó sin ni
siquiera excusas. Siempre me lo pregunté ¿Por qué se fue? ¿Por qué se marchó
sin decirme una palabra?
Fue injusto conmigo, con mi
hermana e incluso con toda mi familia. Le ordenó a la tía que se hiciera cargo
de nosotras, ya que ella es viuda. Mi hermana tenía dos años, y yo diez, cuando nuestro padre se había marchado. Ahora
ni siquiera nos había dejado un portarretratos, ni un pasatiempo entre él y
nosotras, nada. Absolutamente NADA. Sólo tristeza y dolor para siempre.
Por lo menos tenemos a la tía
Jordana que está en todas.
Mi hermana tiene doce años,
asique, todavía la tiene que cuidar, con la violencia que hay ahora. Aunque
Jordana me advierte: “Ojo que cada vez hay más robos, más secuestros. Ojo.” “Ya
lo sé, tengo dieciocho años “, le contesto.
Creo que me están golpeando la
puerta. Seguro es Margarita, mi hermana que me despierta para ir a la escuela.
¡No te conté! ¡Hoy es mi último
día de clases! Y de escuela, ya que estoy en quinto de la secundaria.
Cada vez suena más fuerte la
puerta. Iré a abrir. Estoy muy ansiosa. Luego te cuento como me fue.
Swag Marie Pickles
......

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