-->No tiene nombre porque recien empiezo esta novela. Luego les mandare la parte 2 del primer capitulo.
Una de la madrugada.
Afuera, el verano azotaba a la ciudad.
Las calles inundadas por el terrible temporal, sucedido ese mismo
día. Perdón. Día anterior. Ramas de árboles alojadas en las
mismas. Cables chispeaban con el viento. Unas gotas finitas de lluvia
caín en el cilo gris y tembloroso.
Deseaba el mañana. No sólo por la
situación que iba a suceder, sino, por la tormenta. Tenía miedo.
Miedo del catástrofe. Del viento que sacudía las plantas. Miedo de
que mi casa quede sin techo. No podía cerrar un ojo. ¿Y si estaba
durmiendo cuando una de esas ventanas rompían por los fuertes
vientos? O ¿Si unos de los pedazos de vidrio se caín en mi cuerpo?
¿Qué debía hacer? Pues, mi conclusión, no hacer nada.
Absolutamente nada. Ni dormir, ni pensar, ni comer, ni beber, ni ver
la tele (aunque era imposible, ya que no había eleectricidad), nada.
Por medio a que eso ocasione el problema.
La calida luz de la calle alumbraba
parte de mi casa.
Los reflejos de las ramas que se
sacudían con tan destreza por el viento fresco, se notaban en la
ventana.
Podía sentir que por debajo de los
ventanales fríos, circulaba una brisa helada. Esta, tan traviesa,
entraba en mi cama haciéndome temblar.
Sólo se escuchaba el ruido de la
llovizna copiosa y de mis dientes tiritar. Estúpidos dientes, ¿por
qué hacen esos ruidos? ¿No ven que me ponen más nerviosa? ¿No se
dan cuenta?
Con mucho esfuerzo, saqué de mi
cuerpo la liviana sábana, ya que cada vez el calor penetraba en mi
cuerpo. Aunque pesan gramos, o tal vez miligramos, no sé, me resultó
muy arduo.
Me paré como pude. ¿Por qué estaba
débil? Esa era mi pregunta. Sentía un setimiento extraño. Sin
explicaciones. Sin nombre. Sólo un sentimiento inventado por mi. Por
mi estúpida mente que no paraba de pensar. No la podía controlar.
No sabía como controlarlo.
Era un sentimiento horrible. Ese
sentimiento me decía que el mañana iba a suceder un hecho horrible
para mi. No la entendía.
Apenas me estiré, alcanzé mi manta.
Me la coloqué.
Estabamos en plena verano y, yo,
sentía mucho frío. Un frío atónito. ¿Cómo explicarlo?
Introducí mis pies en las pantuflas.
Respiré.
Mi cuerpo estaba cada vez más débil,
sin respuestas algunas.
Me acerqué a la ventana. Veía cómo
la luvia castigaba a las ventanas con su agua. Hice un mueca y en el
vidrio encontré vapor. Con mi dedo, escribí “HELP”. No sabía
porqué lo escribía en inglés, ni tampoco porqué escribía
“AYUDA”. Estaba lo más bien, excepto por ese estúpido
sentimiento.
Fijé de nuevo mi mirada en el paisaje
lluvioso.
¿El viento tenía más fuerza que yo,
en ese momento? ¡Que horible! ¿Cómo podía ser que esa tormenta
tenga más resistencia que yo? Pero luego razoné. Es la Madre
Naturaleza. ¿Desde cuándo el ser humano la derrota? Pues en la
tala. No voy a hablar de ese tema. Me da escalofríos.
De pronto, vi una sombra en mi jardín.
¿Quién está en mi jardín, a esta hora y con esta llovia? Un
anormal. Pero... ¿qué anormal?
Esas preguntas no se respondieron.
Porque escuché un ruido. Era mi tía con mi hermana. Llegaban del
cumpleaños. Raro. Con la lluvia. No sé, no me interesaba saber.
Escuché que se iban a dormir. Preferí
no avisarles sobre lo que yo ví. Jordana se alarmaría mucho por mi
hermana, que es chiquita. Aparte, capaz que era mi pura imaginación.
¿Delirar? No, delirar, no. No tenía fiebre. Lo que puedo afirmar es
que fue mi imaganición. Apuesto toda mi vida por eso.
Tenía sed.
Ya eran las dos y media de la mañana.
Fui a la cocina a refrescarme.
Abrí la heladera. Cuando buscaba el
jarrón, sentí una respiración ajena. Nunca antes me había pasado.
Giré. Nada.
Otra vez mi corta imaginación, se
hacía notar en ese momento.
Sí sólo fuera un sueño. Un sueño
horrible. Una pesadilla. En la que todo esto no existiera. Pero
lamentablemente, existe y lo tengo que enfrentar.
Tomé agua. Fui a recostarme.
Mañana era un gran día. Último día
de clases. Y mi actuación en baile. No se crean que bailo todas esas
canciones de hoy en día, sino, ballet. Tenía que estar firme para
hacer que me saliera esa maldito salto mortal, que llevaba días
practicándolo.
Adiós. Adiós a esa noche de
tormenta horripilante.
...:
Swag Marie Pickles
...:
Swag Marie Pickles

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