jueves, 31 de octubre de 2013

Alas

Blue
ALAS:
Los árboles florecían con felicidad. Colores rosas, rojos, amarillos y violetas. Rayos de sol se lucían en ellas. El veintiuno de septiembre se notaba en el paisaje.
Todo primaveral; colores primaverales; paisajes primaverales.
Como sabemos, la primavera es la estación del amor, que en ese tiempo, no prestaba mucha atención a esas “estupideces”.
En realidad, en aquel momento en el bosque, me sentía atraída por un chico. Un chico que estaba sentado en una hamaca blanca. Él miró a mis ojos y sonrió. Me hizo una seña para que me acerque.
-No hay otra hamaca- le dije como respuesta.
Él, con sus ojos color miel y chocolate, me dijo que me sentara junto a él.
Yo miraba hacia su cara. ¡Era perfecta! Cabello oscuro, nariz pequeña y labios carnosos.
El viento soplaba fresco. Me decía piropos hermosos. Era un halago que él, tan perfecto, me dijera cosas hermosas.
Su sonrisa era espléndida. Brillante, encantadora y dulce como un  bombón.
De pronto sentí que él, me tomaba la mano. Mi corazón palpitaba de emoción. Descansó su hermosa mano en mi hombro. Cada vez, su cara se acercaba más. Hasta que sus labios chocaron con los míos. Cerramos los ojos. Nos besamos.
Se estremecieron mi corazón y todo mi cuerpo. Fue un momento mágico; espléndido e inolvidable.
Cada vez el beso se hacía más intenso. Sentí que los dos nos elevábamos a gran altura. El beso seguía. Cuando el chico perfecto salió de mi boca y fantasía, me tomó la mano. Me sonrió y dijo “Ya llegaste de dónde te llamaba”
Su rostro desapareció. Miré a mí alrededor y no conocía dónde estaba.
También era mágico. Era como si él se convertía en un mundo.

Miré mi espalda… Algo blanco y suave estaba allí, algo como ALAS…

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