martes, 30 de julio de 2013

Adelanto Nuevo Libro

ADELANTO PRIMER CAPITULO NOVELA:
Sonó el despertador. Ir trabajar no me convencía. Estiré los brazos hacia afuera de los acolchados y noté que la temperatura era demasiada baja. Rápidamente volví a mi posición anterior. Brazos y pies dentro de sábanas y frazadas. Mi cuerpo formaba una “bolita” que alcanzaba a calentarme.
Hoy era un gran día; después de trabajar (último día de trabajo, viernes) iría a la casa de mi tía, en Bariloche, Río Negro. Me tomaría un avión porque mi tía dice que quiere que llegue rápido. La verdad es que nunca tuve respuestas para ese misterio. Desde que me vine a vivir acá, a Funes, Santa Fe, siempre me dice lo mismo y cuando llego, nada, todo normal. Por ahí pienso que ella ya está bastante grande y sola. Recuerdo cuando Pocho, mi tío, murió. Tarde de lluvia, nubes espesas grises inundaban mi triste paisaje del cementerio. Todos lloraban. Algunos por sentimientos verdaderos u otros por intereses económicos.
Volviendo al tema, no sé por qué hace eso, a lo mejor se siente insegura y cuando llegó lo contrario, segura.
Aunque mi ventana estaba cubierta por las cortinas, notaba que el cielo se describía oscuro. Tomé fuerzas. Como era el último día de la semana, mi ser estaba por debajo de lo normal. No veía hora de que llegara el mediodía. Esto me hizo acordar a la secundaria. Que lindos recuerdos. Y mi mente se nubló de ellos. Risas, llantos, fiestas, cantos y sonrisas. Todo eso y más era mi adolescencia. Pero debía madurar, graduarme, trabajar y tener mi propia casa. Y lo logré, pero sentía que algo me faltaba. Algo en mi alma estaba vacío y no sabía qué.
Al fin logré levantarme. Me coloqué mis pantuflas y caminé hacia el baño. De un giro de manijas, el agua ya estaba corriendo por la ducha. Nunca me daba un baño a la mañana, pero ese día lo necesitaba, pues, iba a ser un día muy largo y entretenido.
El agua. Tan mágico y agradable que miles de personas derrochan... ¡qué pena! Siempre me salvaba de mis locuras.
Cerré el agua.
Minutos después, ya estaba en la cocina preparando el desayuno; el agua para el café estaba hirviendo, pero no le hacía caso porque estaba muy concentrada cocinando las tostadas.
Más tarde, ya estaba disfrutando del pequeño desayuno. Las siete marcaba el reloj. Tenía 15 minutos para comer y después ir a trabajar.
Comencé a oir el dulce sonido de los pájaros, eso me hizo entrar en mi vida. Siempre me alegraban los días.  Nunca podré contestar si alguien me pregunta “¿Por qué el sonida de las aves te calma?” Pues, no lo sé.
Siete y cuarto.
Agarré las llaves y salí a la calle. Debía caminar tres cuadras hasta la parada del colectivo.
Soy una chica que cuando camina por las calles, observa todo con detenimiento: Los chicos con cara de dormidos yendo a la escuela, gente como yo que sale a trabajar, y la melodía de los pájaros nuevamente.
Como vivo en Funes, no se escucha mucho ruido de autos y eso me permite oír y sentir la naturaleza.
Llegué a la parada del colectivo. La línea 133 N, Las Rosas o Monticas, eran opciones para ir a mi trabajo en Rosario ¿De qué trabajo? Pues de secretaria en el Banco Municipal. En realidad yo había estudiado de chef. Pero hice un curso de secretaria, y bueno, ahora trabajo de secretaria.

El colectivo abrió las puertas de un chiflido y subí.
Lusc0

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