Dedicado a todos los que hacen valorar
el corazón que es de oro
y no lo venden...
Me aterraba este nuevo mundo. Mi confianza no era muy buena, pero algo de mi intuición decía que, ese mundo extraño era mi nueva vida. Mi nuevo mundo, el cual yo era independiente de elegir mi camino. Mi propio camino.
Mis llantos eran más fuertes de lo que pensaba. ¿Qué harías si te encontrarías en un mundo nuevo, que nunca conociste? Pues, llorar. En mi caso sí, pero puede que en el tuyo no.
Abrí los ojos con tal dificultad que la luz, esa pequeña luz del sol, (que en ese momento pensaba de esa forma) me encandilaba. Luego de tanta oscuridad, siempre sale el sol y alegría. Pero yo no estaba preparada para presenciarlo.
Apenas mis ojos dieron señal de vida, reconocí un rostro. Pero ese rostro me transmitía algo especial. Me enseñaría a ser yo mísma. Difícil de explicar. No se encuentran palabras algunas para describir esos sentimientos. Luego, me di cuenta de que aquel rostro era mi madre, junto a mi papá, quién los adoro por siempre.
Pronto comencé a responder aquellas preguntas desesperadas para mí.
Capítulo 1:
La comida que, con tanto cariño mamá había preparado, se estaba enfriando. Pues, la tala de árboles era muy divertida para cuando tenía ocho años. Aunque mis dedos se congelan, era una verdadera aventura para mi. Pero sabía que luego esas mismas leñas calentarán mi cuerpo y la de mi familia. Me sentía y me hacían sentir una heroína.Carolina golpeó la ventana de nuestra pequeña cabaña. A nadie le gusta que, su propia comida no sea aprovechada. Y luego agregó:
- ¡Ya está la comida!
Enfadada, tiré el hacha, lo cual me hizo reflexionar. ¿Quién tira un hacha como si fuese un juguete? Pues, yo. Jugando, papá me tiró a la nieve blanca y espesa que se había acumulado en el jardín.
Sin esperar, le lancé bolas de nieve, lo cual no resultó muy bueno. Luego tuve que bañarme con agua caliente para sacarme la nieve que me devolvió Fernando, mi papá.
El almuerzo fue apetitoso, pues luego de la asombrosa aventura, ¿quién no acaba con hambre?
Ese día escuché un tema que se discutió. Me pareció interesante.
- Quiero que ella misma sepa de la que trabajo. Le quiero enseñar. Pero no le pido que se dedique a eso. Que ella elija con su alma.- aclaró Fernando terminando de comer.
- Yo digo que ella elija lo que quiera hacer. La educamos para que sea independiente para elegir.- respondió Carolina.
- Entonces ella elegirá. Pues, no tengo derecho a obligarla a lo que no quiere. Hoy mismo la llevaré al palacio de mi padre. Allí le preguntaré y le diré que tiene tiempo para responder.
- Me parece bien. Pero creo que hoy ya es muy tarde. ¿Por qué no van todo el día de mañana? Me resulta más cómodo, tanto para vos como para ella.
Papá asintió con la cabeza. Y luego, mamá, le devolvió una mueca agradable. Hablo de la sonrisa. Tantas cosas se transmiten a través de ella. Como el odio y/o alegría.
Debía volver a mi habitación. Pues, se escuchaban pasos que venían hacia mí.
Entré y me senté en el escritorio que tanto adoraba. Allí escribía mis novelas. También me servía para estar sola. Pero ese, no era el verdadero lugar de desahogo. Yo, Lola Mora, procedía de otro escondite. Del cual era un secreto. Y sólo me dirigía a tal lugar para decir propuestas.
Golpearon la puerta.
- ¡Pase!- respondí.
Y lo vi. Estaba viniendo hacia mi. Su barba oscura pero apenas se notaba. Su pelo era corto. De color negro. Pero esos ojos verdes lo distinguían definitivamente. Estoy hablando de mi padre.
Ya sentado, comenzó la conversación.
- Mañana te quiero dar una sorpresa. Pero es lejos,asi que preparate porque a primera hora de la mañana, saldremos. Si querés ir.
Hice una mueca. Pero una de confusión. Luego respondí:
- Necesito pensarlo. No sólo por eso.
- Y por qué otra cosa... ¿Hay algo que no sé?
- No lo sé.
- ¿Cómo que no lo sabes?- Es que... los últimos días me agarra una sensación de melancolía.
- ¿Melancolía? ¿Por qué? O... ¿Por quién?
- Eso tampoco lo sé. No tengo idea. Pero lo siento. Lo siento en el corazón al raro. E incluso me puse a escribir un poema. Porque sabes que me gusta escribir momentos que suceden en mi vida real.
- A mí me pasaba lo mismo. Pero no era tan buen escritor como vos.
- No mientas.
Y terminamos con risas.
- Papi, ¿te puedo dar un abrazo? Lo necesito.
- ¡Cómo no!
Ese abrazo fue inolvidable. Me ayudó bastante y mucho. Puedo decir que se me escaparon unas lágrimas. Unas, no. Varias. Hacía tanto tiempo que no presenciamos ese momento. Fernando tenía mucho trabajo. él era buzo. Se encargaba de investigar los hechos de las profundidades del océano. Como vivimos en el sur de Argentina, (para especificar mas, Chubut, un pueblito que da al sur) puede investigar tranquilamente. Pues, he oído que hay gente que vive en Salta (norte de nuestro país) y se tuvo que mudar al sur. Imaginen un momento; vivir en un lugar donde el calor es común y luego mudarse al sur. Donde nada más encuentras nieve blanca y espesa. Y desde luego, nubes grises abundan el cielo. Pero puedo admitir que en verano te derretis. Aunque sea para nosotros, la gente del pueblo. Hay extranjeros del norte y centro de Argentina y dicen: “¡Ah! Que lindo, acá no hace calor”. Se ve que el lugar donde viven es caluroso.
Aquí, en verano, es hermoso. Los árboles abundan con flores, las plantas y el pasto son verdes. El lago, con esos colores celestes, verdes y hasta veces turquesa, te dan ganas de tirarte allí. Ese agua es maravillosa; cristalina y fresca. Justo para el verano. Y... ¿saben qué? Ese lago queda a una cuadra de mi casa. Y el mar Argentino sólo a quince kilómetros de aquí.
Como estamos en invierno, el lago está congelado. Lo usamos para el patinaje. ¿Alguna vez patinaron? Es hermoso. Creo que patinar es más espléndido de la vida. Cuando estás en movimiento, sentís el aire fresco en tu ser.
Comencé a hablar de mi papá y terminé con el patinaje. Esas son las vueltas de la vida. Perdón, las vueltas de la escritura.
- ¡Pá! … -dije sabiendo que no me soltaba del abrazo.- ¿Qué?
- ¿Puedo buscar a Leo? Para... ir a patinar.
- ¡Por supuesto! Pero, escuchá, son las dos de la tarde- dijo mirando su magnífico reloj de plata que le habían regalado son padres (mis abuelos) cuando él tenía diez años-, volvé a las seis de la tarde.
- Sí, sí, lo que quieras... Gracias.
- Denada
- Te quiero mucho papá
- Yo también.
De nuevo, el abrazo melancólico.
¿Se acuerdan cuando dije que sentía una tristeza pero no sabía qué era? Pues, es verdad. Y todavía no logro saberlo.
Fernando y yo salimos de la habitación. Él primero porque lo llamaban del trabajo. Creo que era por una investigación. Me gustaría saber de qué.
Saludando desde su auto, papá se fue. Sólo quedamos Carolina y yo. No sé por qué le dijo Carolina, ¿por qué no mamá? No lo sé.
- ¿Vas a buscar Leo para jugar?
- Mmmm... Si. ¿Puedo? Papá me dejó y aparte me dijo que volviera a las seis de la tarde.
- Entonces... ¡Bien!
- ¡Gracias! Nos vemos a la tardecita...
- ¡Para! Te olvidás de la campera, los guantes y el gorro.
- ¡Oh! Gracias de nuevo
- ¡Cuidado!
Swag Marie Pickles

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